
En los inicios…
Con el triunfo de la Revolución el 1ro de enero de 1959 la sociedad cubana experimenta profundos cambios en todas sus estructuras, las funciones culturales gubernamentales eran desempeñadas por la Dirección de Cultura del Ministerio de educación y todas las actividades respecto al tema cultural recaían en la gestión de instituciones de carácter privado y asociaciones voluntarias.
En 1961 se funda el Consejo Nacional de Cultura, como primera institución gubernamental independiente, encargada de la política de desarrollo cultural en el país. Comenzó desde entonces un amplio proceso de democratización de la cultura y se instauraron instituciones simbólicas para la cultura del país como fueron el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), creado apenas a 83 días del triunfo de la Revolución Cubana; la Casa de las Américas, en abril de 1959, para desarrollar las relaciones socioculturales con los pueblos hermanos de América; y la Escuela Nacional de Arte, en 1962, que fue el principio de la sorprendente expansión de la enseñanza artística, como una de las obras más trascendentales y hermosas de la Revolución expresada en el desarrollo y prestigio alcanzado por el arte en Cuba.
Ya en 1961, el 30 de junio, Fidel Castro se reúne con artistas y escritores para realizar una intervención que históricamente se conoce con Palabras a los intelectuales, donde quedan expresados los principios de la política cultural del gobierno revolucionario; y en agosto se realiza el Primer Congreso de Escritores y Artistas, gestor de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) [1], un congreso que permitió formular los principios de nuestra cultura, los cuales se basan en el desarrollo humano como eje esencial en la nueva sociedad.
En 1976, dentro del proceso de institucionalización de los Órganos de la Administración Central del Estado, se creó el Ministerio de Cultura con la responsabilidad de dirigir, supervisar y ejecutar la política cultural. De igual forma se constituyeron las Direcciones Provinciales y Municipales de Cultura, los que se responsabilizan en la aplicación de la política cultural a este nivel.
Ya en 1989, después de un proceso de reorganización y la experiencia acumulada, surgen nuevas instituciones como el Instituto Cubano de la Música, el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, el Consejo Nacional de las Artes Plásticas, el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, que juntos al Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos y el Instituto Cubano del Libro, instituciones docentes, de investigación, de preservación y cuidado del patrimonio, de trabajo en la comunidad, y otras, integran el sistema del Ministerio de Cultura.
Los medios de la Revolución Cubana son muchos para que nuestro pueblo no se doblegue ante la política norteamericana. Mucho ha sido el trabajo desarrollado por las instituciones cubanas para elevar la cultura general e integral de nuestra población y son varios los resultados vistos en estos años: el acceso y participación del pueblo a la cultura con la incorporación activa de trabajadores, campesinos, estudiantes y niños, como público o como participante, cada año se celebran festivales de canto y danza donde los más pequeños hacen gala de todos sus conocimientos y aptitudes; el estudio de las raíces culturales, el reconocimiento de sus valores, el desarrollo de estos, la investigación del folklore; la organización del sistema de enseñanza de las artes, desde el nivel elemental, hasta el superior, del cual han egresado eminentes figuras cuya obra ha alcanzado renombre nacional e internacional; la creación de escuelas formadoras de instructores de arte en cada una de las provincias; la creación de una cinematografía nacional, cada año podemos disfrutar de varios festivales de cine, siendo el más relevante el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana, donde se puede apreciar el valor y la calidad no solo de nuestro cine sino del cine latino que en la mayoría de los casos no llega a las pantallas internacionales por la propia globalización de la cultura que llevan a cabo las grandes potencias y entre ellas la más poderosa, Estados Unidos; es un espacio más donde podemos situarnos en la historia y situación actual, cultura y valores de otros países del mundo. La extensión de los movimientos culturales a las zonas rurales y montañosas y la introducción de las nuevas tecnologías en los procesos de creación y promoción artística y literaria, son otros de los grandes retos propuestos y alcanzados por nuestra revolución de la cultura.
Los programas de desarrollo cultural que se llevan a cabo en nuestro país constituyen expresión de la política cultural cubana y de los principios que la sustentan. No cabe duda que en el modelo social cubano la cultura es un incuestionable instrumento de transmisión de valores éticos que actúan en el crecimiento humano.
Las raíces históricas de la cultura y su devenir actual posibilitan una proyección futura a partir de la comprensión del compromiso social y de liberación contenido en ella, de su visión latinoamericana y universal y de las posibilidades de su desempeño dinámico e integrador.
Seguimos los principios que nos hemos plantados desde los inicios de la Revolución y que mantienen su vigencia, dado que son inherentes a la esencia de nuestro modelo social, recogen la historia, el pensamiento y la cultura del país y conservan su correspondencia con las condiciones socioeconómicas y políticas ideológicas de la actualidad. Ellos son:
Ø La reafirmación y desarrollo de la identidad nacional y la vocación universal y profundamente latinoamericana y caribeña de la cultura nacional.
Ø La conservación y difusión del patrimonio cultural.
Ø El reconocimiento a la diversidad cultural.
Ø El fomento y estimulo a la creación artística y literaria.
Ø El respeto y apoyo al protagonismo y creatividad de las comunidades en la conducción de sus procesos socioculturales.
Ø El reconocimiento al papel de la cultura en el impulso y orientación de los procesos socioeconómicos. [2]
Los programas de la Revolución también se evidencian en la asignación de computadoras a todas las Direcciones Municipales de Cultura con servicios de correo electrónico y posibilidades de acceso a Internet; la dotación a todos los centros docentes del país, incluso a aquellos que están en los lugares mas apartados e intrincados de nuestro país, de televisores y videos para el desarrollo de un programa audiovisual, además de las computadoras y la creación de nuevas escuelas de formación de instructores de arte en todo el territorio y de nuevas escuelas de artes plásticas, entre otras manifestaciones de esta tarea que fragua a cada minuto el sentimiento revolucionario y solidario de cada niño y cada joven.
Se ha logrado establecer La Feria del Libro de la Habana, que ya hoy se realiza en no menos de 35 ciudades del país.
Se dispone de nuevas capacidades de impresión que le permitirán a nuestra población acceder a las mejores obras literarias y temas científicos, políticos, sociales y culturales, a un costo mínimo, mediante el sistema de bibliotecas familiares, ideado en Cuba y que ya comienza a extenderse a otros países, al igual que los sistemas de alfabetización por radio y televisión que podrán revolucionar la educación en el mundo.
Otros resultados que podemos apreciar en estos últimos años son:
Ø Reapertura del Teatro Amadeo Roldán en el 2000.
Ø Reapertura del Museo Nacional de Bellas Artes en el 2001, ahora con dos edificaciones más.
Ø Desarrollo del movimiento de cantorías Infantiles.
Ø Introducción de nuevas tecnologías.
Ø Ampliación y diversificación de la programación.
Ø Aumento de la producción editorial.
Ø Reapertura de más de 100 museos municipales entre 1997 y 2000.
Ø Desarrollo de importantes eventos y festivales. [2]
¿Hacia donde vamos?
Y es que esta generación debe librarse de la globalización cultural que tratan de imponer los más poderosos, convirtiendo a la juventud en sinónimo de superficialidad y de frivolidad; para ellos es muy importante la tontería y el desmonte de los mecanismos intelectuales entre los jóvenes. Y un ejemplo muy interesante esta en la película que se llamó Forrest Gump [1994, dirigida por Robert Zemeckis y protagonizada por Tom Hanks], ganadora de seis Oscares, planteaba la tesis de ¡El idiota feliz e integrado! La idea de que es el imbécil quien puede lograr realmente la felicidad, es decir, que es el tonto el que alcanza la felicidad. Y el que es integrado sin discutir, se integra... ¡hasta llega a ser veterano en Vietnam!... ese idiota. No tiene conflicto. Este análisis fue realizado en una intervención del Ministro de Cultura, Abel Prieto, en la Cátedra de Formación Política Ernesto Che Guevara, el 3 de mayo del 2004, "El Che en la Revolución Cubana y la lucha actual por la hegemonía socialista"
En esta intervención, el ministro alude a otros ejemplos muy interesantes y dignos de analizar, como por ejemplo, programas como "El Show de Cristina" donde las personas van a contar falsos problemas y a reírse unos de otros por dinero o por salir en la TV y denota que lo peor es que existen millones de hispanos que ven este tipo de programas que al final no trasmite ninguna idea, ninguna enseñanza.
Estamos viendo desde este punto de vista, que para los poderosos, la cultura sería un aspecto que iría en contra de la felicidad de los seres humanos porque con al desinformación, el analfabetismo y la incultura de las masas ellos pueden lograr todos sus pérfidos propósitos sin preocupación de que casi todo un mundo se vuelque sobre ellos con al fortaleza no solo de la agresión militar, sino con la fuerza de las ideas, que es mucho más poderosa y segura.
En el mundo actual, la globalización neoliberal se abre paso como característica fundamental de este milenio, y con ella se trata de imponer un monopolio de la información y las comunicaciones, se desarrolla el 4to Poder, con la manipulación de mensajes portadores de consumismo, banalidad y mediocridad encaminados al empobrecimiento espiritual difundidos por las más potentes tecnologías y dirigidos a desarrollar un determinado modo de pensar y actuar de las personas.
Frente a esta situación, la cultura como valor universal, es la vía más segura e infalible para enaltecer las aspiraciones creativas del ser humano.
El cultivo y respeto de los valores culturales nacionales y universales, es una buena práctica a partir de la cual cada individuo debe ser capaz de comprender y evaluar críticamente la realidad contemporánea, esto constituye una necesidad insoslayable.
En el modelo social cubano le cultura es un instrumento insustituible de trasmisión de valores éticos que favorecen el crecimiento humano.
Si con el triunfo de la Revolución se privilegió a la democratización de la cultura, las circunstancias actuales nos obligan a profundizarla, elevando la cultura general e integral asumida como política cultural esencial del país; proporcionando mayor calidad de vida humana y preparando mejor a los cubanos para enfrentar los retos del mundo que nos ha tocado vivir.
Y nuestra respuesta a este proceso que va destruyendo de a pocos a nuestros pueblos, es la cultura y la educación: Formación de instructores (música, teatro, danza y artes plásticas) de arte que desde los primeros pasos del niño por la primaria inculquen en ellos hábitos culturales y formativos y de crecimiento espiritual, haciéndole ver al infante que no es más feliz el que puede más compra, que una sociedad consumista no es un buen camino para la subsistencia del ser humano que cada vez se ve más comprometida por los daños al medio ambiente, cada vez más severos. Se debe insistir en que de la cultura son hijas, la calidad y enriquecimiento de la vida, que es un antídoto contra el consumismo.
El mundo se va perdiendo en un abismo de ignorancia, analfabetismo y hambre. La gente lee menos cada vez, los libros cuestan más caros cada día y las personas se vuelven más maleables; y lo peor, a conveniencia de un pequeño grupo de poderosos.
Lo más triste es que la solución esta ahí, alcance de nuestras manos, al alcance de las manos de los más poderosos, de los dueños de las grandes empresas, de aquellos que oprimen a los países tercermundistas y que hoy tienen en sus manos el futuro del planeta.
Asegura el Comandante Fidel Castro, en su discurso en la inauguración del segmento de alto nivel del sexto periodo de sesiones de la conferencia de las partes de la convención de las Naciones Unidas de la Lucha Contra la Desertificación, que un mundo mejor es posible. Que con una inversión inicial de 3 millones de dólares en un breve periodo de tiempo, y 700 millones en cada uno de los nueve años subsiguientes, destinados a material educativo y equipos, incluidos un millón y medio de paneles solares para las comunidades de difícil acceso y donde no exista corriente eléctrica, en doce años es posible alfabetizar y conducir hasta sexto grado a 1.500 millones de analfabetos y semianalfabetos. Nuestro comandante asegura además, que esto generaría un gasto de menos de 10 mil millones de dólares, equivalente a menos del 0.004 por ciento del producto Interno Bruto de los países desarrollados miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en un año.
Y esta inversión, desde mi punto de vista, sería totalmente viable si analizamos que los problemas actuales tienen su cuna en el analfabetismo. Todo está asociado: analfabetismo, desempleo, hambre, enfermedades, falta de agua, de viviendas, de electricidad, desertificación, cambio de clima, desaparición de los bosques, inundaciones, sequías, erosión de los suelos, biodegradación, plagas y demás tragedias son inseparables.
Nuestro pueblo pasará a la historia por los logros obtenidos en los campos de la educación, la salud y la cultura, en tiempos tan difíciles como los que atravesamos hoy en día. Vamos hacia una mejor sociedad cubana, con hombres de nuevo tipo capaces de luchar por los principios en los cuales creen, como ha sido hasta ahora; hombres cultos y preparados para enfrentarse a este mundo totalmente unipolar y globalizado.
Y como expresó Fidel Castro en su discurso "Una revolución solo puede ser hija de la cultura y las ideas", pronunciado el 3 de febrero de 1999 en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela:
"Hay que trabajar, persuadir, luchar y perseverar. Jamás desalentarse."
1. La UNEAC es una organización social, cultural y profesional, no gubernamental, con Status Consultivo II en el Consejo Económico Social de Naciones Unidas con personalidad jurídica propia y plena capacidad legal, que agrupa a los escritores y artistas cubanos (sobre la base de su currículum artístico).
Fue fundada el 22 de agosto del año 1961 por nuestro Poeta Nacional Nicolás Guillén, con el objetivo de preservar el proyecto de justicia social e independencia nacional. Desde su creación ha estado representada por artistas de reconocido prestigio en todos los ámbitos de las artes estéticas y filosóficas. Entre las figuras que han estado en su dirección se encuentran: Alejo Carpentier, José Lezama Lima y René Portocarrero. Y dentro de sus principales funciones está: representar los intereses profesionales de todos sus miembros para que puedan llevar adelante su labor social, para que puedan llevar adelante su labor social, disponer de las condiciones adecuadas y recibir los estímulos morales y materiales que alientan la creación literaria y artística; propiciar debates, foros, festivales y concursos; ampliar y desarrollar los vínculos entre el arte y la educación, contribuyendo a garantizar la base material de estudio, entre otras.
Elevar la cultura del pueblo cubano es uno de los principales objetivos de la Batalla de Ideas que lleva a cabo nuestro país. Como resultado de los logros alcanzados en el finalizado 2005 encontramos que existen 2680 instalaciones culturales y artísticas en todas las regiones del país, que incluyen 314 casa de cultura, 369 bibliotecas, 238 museos, 73 teatros y salas de teatros, 215 salas de video, 430 cines, 69 emisoras de radio, entre otras.
Cada 20 de octubre se conmemora el Día de la Cultura cubana en recordación a aquella tarde en que se cantaron por primera vez en Bayamo las vibrantes estrofas del himno, hecho ocurrido en 1868.
La cultura cubana tiene raíces indígenas, españolas y africanas, y se ha nutrido de corrientes de otros pueblos que transitoriamente permanecieron en su suelo y dejaron sus huellas en la arquitectura, la música y el lenguaje.
Figuras de relieve internacional pudieran mencionarse en el campo de las artes y de las letras. José Martí, Félix Varela, José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero resaltan por su trascendencia simultánea en la historia de la nación.
Mas solamente cuando las diversas facetas de la cultura legan a todos los rincones, se enriquecen con el acerbo del pueblo y se avivan con el ingenio de las masas, es que puede hablarse de una cultura popular. Tal es el caso del proceso revolucionario que llevó bibliotecas en mulos a la Sierra Maestra y otras zonas montañosas; el cine móvil, que despertó la curiosidad y el asombro entre campesinos, las giras de grupos de ballet o de la orquesta sinfónica para ofrecer su arte ante habitantes de zonas apartadas, y los grupos teatrales que actúan en la serranía llevando el placer de estas manifestaciones.
La música universal se ha nutrido con los bailes típicos de Cuba, tales como el danzón, creado por Miguel Faílde hace algunas décadas y el chachachá, hace unos lustroso. ¿Y quién no recuerda las melodías de Ernesto Lecuona, Gonzalo Roig, el ritmo inigualable de Benny Moré, la multifacética sonoridad de los Irakeres, las manos prodigiosas del pianista Frank Fernández y del guitarrista Leo Brower, o el canto inigualable de los trovadores Sindo Garay; Manuel Corona y más actualmente Pablo Milanés y Silvio Rodríguez?
Cuentan que los taínos y siboneyes dejaron admirados a los colonizadores por sus bailes rítmicos, y en nuestra época han alcanzado renombre internacional el Ballet Nacional de Cuba con la primerísima bailarina Alicia Alonso, el Ballet de Camagüey; el Grupo de Danza Nacional, el Conjunto Folclórico y otros.
La literatura fue el marco en que se destacaron figuras de la talla del ensayista Juan Marinello, los novelistas Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Manuel Cofiño; los cuentistas Alfonso Hernández Catá, Onelio Jorge Cardoso, Dora Alonso; los poetas Nicolás Guillén, Carilda Oliver Labra, Dulce María Loynaz, Jesús Orta Ruíz; los historiadores Emilio Roig de Leuchsenring, Eusebio Leal, por sólo citar algunos nombres.
En las galerías de museos prestigiosos del mundo se muestran las obras de los cubanos René Portocarrero, Wifredo Lam, Amelia Peláez, y más recientemente Manuel Mendive. No es posible dejar de mencionar las obras escultóricas de Rita Longa, Manuel Delarra y Enrique Iñigo, ni otras de orfebrería y artesanía que reclaman la atracción turística por la singular mezcla de las materias primas utilizadas: piel, cobre, madera, caracoles, papel y lienzo.
La cultura cubana es eso y mucho más. Es la oportunidad para quien posea talento y vocación, en cualquier lugar del país, pueda aprender y ejercitarse en una escuela hasta llegar al Instituto Superior de Arte. Es la proliferación de bibliotecas, museos, galerías de arte, escuelas de música, de ballet para edades tempranas. Es la posibilidad de desarrollo de las habilidades en las diferentes manifestaciones culturales.
La cultura se ha integrado al pueblo cubano como su risa y su buen humor: brota en su quehacer diario. Ya lo dijo el apóstol de la independencia: «ser cultos es la única manera de ser libres».
La pintura es la más genuina de las expresiones plásticas del país. Su evolución no pudo seguir un proceso de desarrollo coherente porque sus primeras expresiones, realizadas por los aborígenes en las cavernas, quedaron interrumpidas con la desaparición de estas poblaciones. Con la conquista y evangelización predominó una pintura de corte religioso asociado a la liturgia católica. No será hasta el siglo XIX, con la fundación de la Academia de San Alejandro (1818), que se comienza a gestar en el país una pintura hecha por criollos, orientada a satisfacer el gusto europeo de la burguesía cubana. La Academia fue creada por la Asociación Económica de Amigos del País, y su primer director fue el pintor de origen francés Jean Bautiste Vermay. Hacia la década del 80 se produce una nueva tendencia de orientación en la pintura cubana, que tuvo como tema principal el paisaje.
Las figuras más importantes son Esteban Chartrand y Valentín Sanz Carta. Una pintura de corte costumbrista tendrá sus más interesantes expresiones en la obra del vasco Victor Patricio de Landaluze. Pero el academicismo seguía reinando en el ambiente plástico. La reacción vanguardista de los años 20 (siglo XX), inauguró un nuevo momento en la pintura cubana. El movimiento moderno tuvo su primera y más importante exposición en 1927, auspiciada por la Revista de Avance. Iniciadores de la vanguardia cubana fueron Eduardo Abela, Víctor Manuel, Antonio Gattorno y Carlos Enríquez, entre otros. Los años que siguieron fueron de consolidación del movimiento moderno, lo que se manifestó en la celebración del Primer Salón de Arte Moderno en 1937.
Artistas jóvenes entonces indicaban ya un nuevo momento en al arte cubano que se concretaría con la llamada Escuela de La Habana en la década del 40. Figuras como René Portocarrero, Amelia Pélaez y Mariano Rodríguez forman parte de este movimiento. En 1942 regresa a Cuba Wifredo Lam, después de una larga estancia en Europa y una experiencia de taller con Pablo Picasso. En 1943 Lam realiza la obra que lo ha inmortalizado "La jungla", que fue adquirida por el MOMA de Nueva York. Con el triunfo de la revolución, el movimiento plástico se fortalece a partir de la creación en 1962 de la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Figuras muy importantes como Raúl Martínez y Antonia Eiriz, integraron el claustro de profesores. Unos años más tarde, en 1976, se funda la Facultad de Artes Plásticas del Instituto Superior de Arte.
Obras de artistas como Roberto Fabelo, Zaida del Río, Tomás Sánchez, Manuel Mendive y Nelsón Domínguez, conforman el patrimonio más importante de las últimas décadas. Hay que añadir nombres de artistas jóvenes como José Bedia, Kcho y Flavio Garciandía que han ocupado un lugar privilegiado al frente de los nuevos caminos de la plástica. La pintura cubana durante los últimos 30 años ha mostrado gran capacidad para asumir las influencias más importantes del arte internacional con sentido propio y creativo, asumiendo al mismo tiempo, una postura crítica en sus temas, para continuar definiendo así los rasgos de la identidad cubana.
La música es, sin duda alguna, la que más ha influido en la personalidad del cubano. Se dice que en la isla se habla cantando, se baila al caminar y se enamora con la letra de una canción. Es la música la que ha desarrollado el proceso evolutivo con más rapidez y fortaleza. La Habanera, género musical nacido de la danza criolla y la contradanza, influyó en el surgimiento del tango argentino y otros aires sudamericanos. Investigaciones recientes afirman que en las contradanzas de Manuel Saumell (llamado El nacionalista) se encontraba ya el tiempo de habaneras; en La Tedesco, por ejemplo, la primera parte es prácticamente la forma que tendría después el danzón; incluso la canción y la guajira quedaron esbozadas en muchas de sus composiciones.
El Son y el Bolero llegaron a La Habana desde las provincias orientales, específicamente de Santiago de Cuba. El bolero apareció a principios de este siglo con los grandes compositores Alberto Villalón y Sindo Garay, con gran influencia de Pepe Sánchez (que escribió el primero Tristezas en 1883). Aunque las principales canciones de la vieja trova eran boleros, se destacaron como compositores Orlando de la Rosa e Isolina Carrillo, quien dejara uno de los legados más sublimes de todos los tiempos con el bolero Dos gardenias. Desde la segunda mitad del siglo XIX se tienen noticias de la existencia del son montuno.
En 1920 el Sexteto Habanero hace su aparición en los salones de baile de alta sociedad en la capital. El trío Matamoros, comienza su larga e importante carrera en el año 1925 en Santiago de Cuba. El trío deja varias de las canciones clásicas cubanas como: Son de la loma, Mariposita de primavera y Lágrimas negras. Poco después llega la primera época de oro del son, y surgen decenas de sextetos y septetos, algunos de los cuales empiezan a grabar para grandes disqueras norteamericanas. A los primeros exponentes del son le sucedieron Arsenio Rodríguez, Miguelito Cuní, Félix Chapotín y Roberto Faz, mientras Arcaño y sus Maravillas, La Sensación, y otras orquestas danzoneras y charangueras amenizaban los principales bailables capitalinos de esta primera época que abarca los años 40 y 50. En 1950 Enrique Jorrín da a conocer La engañadora, primer cha cha cha. Pérez Prado realiza en 1952 su primer mambo.
El segundo esplendor del son ocurre en la década del 50 con la aparición de un hombre autodidacta procedente de Cienfuegos, Benny Moré, quien años más tarde se ganaría el título de El bárbaro del ritmo. El compositor y cantante revitaliza la forma tradicional al llevar el son montuno a un concepto de jazz band. Benny Moré es el músico cubano que más ha influido en el proceso evolutivo de la música cubana y caribeña. En 1970 surge la orquesta de música popular bailable Van Van, con una sonoridad muy típica y moderna. Más tarde, el son le brinda su estructura a la salsa, que incorpora además ritmos caribeños y sonoridades de la música proveniente de las comunidades cubanas, dominicanas y puertoriqueñas en Nueva York. La salsa cubana, muy conocida hoy en día en casi todos los países del mundo, tiene su crecimiento y esplendor a finales de los 80 y principios de los 90 con la madurez de orquestas como Van Van, NG La Banda, y el surgimiento de orquestas jóvenes como El médico de la salsa, Paulo FG y su élite, e Isaac Delgado, entre otros, que se mantienen con pleno éxito musical hasta nuestros días.
En la música y los espectáculos musicales, se aprecia un incremento sostenido tanto de las funciones como de la cantidad de asistentes. Este último indicador sobrepasa en casi nueve millones a los espectadores que disfrutaron de presentaciones similares en 1983.
Ha sido un objetivo prioritario lograr la participación de las más importantes agrupaciones musicales en las fiestas populares que se desarrollan en los municipios del país. De 154 fiestas populares que se celebraron en el año 2005, 142 tuvieron la presencia de agrupaciones musicales de alto poder de convocatoria nacional, incluidas 25 de nuestras principales orquestas; las 12 que faltaron, no fueron favorecidas con este tipo de programa por problemas de hospedaje. Ya en lo que va de año, se han amenizado 84 fiestas populares y realizado 91 bailables con 25 orquestas y, por primera vez, con la participación de 7 grupos de rap. En este esfuerzo, ha sido decisivo el apoyo de los gobiernos locales, el vínculo directo de éstos con los centros provinciales y el Instituto Cubano de la Música y la disminución de los cambios de fecha de las festividades.
Centralmente, se están adoptando medidas para regular lo relacionado con los precios de las orquestas de mayor demanda y definir la política para incrementar su presencia en los territorios. Aún resultan insuficientes, en los municipios, los espacios y áreas cerradas para bailables, que de extenderse permitirían que los gastos por estas presentaciones no afecten el presupuesto y a la vez contribuyan a la recogida de circulante. La falta de equipamiento de sonido y luces y los problemas de transporte y combustible, limitan, además, la ejecución de una programación estable.
De gran importancia para el desarrollo de la música de concierto fue la reapertura, gracias al apoyo del Comandante en Jefe, del Teatro Auditórium Amadeo Roldán. Relevantes agrupaciones y directores nacionales y extranjeros se han presentado en sus dos salas de forma permanente, y se ha ido formando un público, con la estimulante presencia de jóvenes.
En coordinación con el MINED, se han organizado conciertos didácticos por la Orquesta Sinfónica Nacional para alrededor de 4000 estudiantes de primaria y secundaria, experiencia que comienza a extenderse a otras provincias con las agrupaciones sinfónicas y de cámara que integran los catálogos de los Centros Provinciales de la Música.
A partir del 2000 se han reeditado, aunque limitadamente, las presentaciones de la Orquesta Sinfónica Nacional en diversas provincias y municipios, algo que caracterizó a esta agrupación sobre todo en la década de los 80 y que se había interrumpido en la de los 90. La presencia de esta importante agrupación en municipios de Guantánamo, Santiago, Granma, Holguín y Camagüey y de las provincias centrales, contribuyó a fomentar el gusto por la música de concierto en nuevos y más amplios sectores de público. Sus actuaciones se desarrollaron en fábricas, centros estudiantiles y plazas abiertas, con una respuesta de asistentes que superó todas las expectativas. Lamentablemente, limitaciones de recursos no nos han permitido hasta ahora, ampliar este programa.
A partir del mes de enero del 2000, se inició la ejecución de un programa estratégico para el fortalecimiento y desarrollo de la música sinfónica en el país. En una primera etapa, estamos trabajando en la elevación del nivel técnico-artístico en las seis orquestas sinfónicas hoy existentes (Orquesta Sinfónica Nacional, del Gran Teatro de La Habana, Matanzas, Villa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba) y la creación de la orquesta sinfónica en Holguín. Este programa se encuentra en marcha en las provincias de Ciudad de La Habana, Matanzas, Holguín, Camagüey y Santiago de Cuba y, en menor medida en Villa Clara.
Las bandas de música municipales, por tradición, han contribuido de manera notable a la vida cultural en el ámbito comunitario y han tenido un peso en la formación del gusto musical de la población. Estas agrupaciones, en su mayoría, mantuvieron su vitalidad aun en los momentos más duros del período especial, a pesar de las graves dificultades relacionadas con los instrumentos musicales y el completamiento de sus plantillas. De 41 Bandas en la década de los años 80, actualmente ascienden a 46 y este año comenzaremos un proceso gradual de reparación y renovación de sus instrumentos, así como de creación de condiciones para fundar otras 54 agrupaciones de este tipo. Con este propósito, se avanzó en el estudio de las necesidades de base material y en la estrategia para la extensión del movimiento de bandas a nivel municipal, así como en la elaboración de programas para los cursos de formación de instrumentistas.
Las cantorías son un movimiento coral infantil, dirigido por miembros de los coros profesionales, que no tiene precedentes y es un modelo de la combinación a que aspiramos entre masividad y calidad. Se han incorporado un número mayor de profesores y ya integran este movimiento nacional 127 coros de 48 municipios de las 14 provincias con 3 540 niños. A ello se suman 655 coros con 11 099 integrantes atendidos por las casas de cultura. Se destaca la participación de las cantorías en las fiestas por los nuevos aniversarios de la Revolución, en los principales teatros del país: el 2 de enero de este año, por poner un solo ejemplo, cantaron 3 170 niños ante 22 626 espectadores.
Aunque se han dado pasos de significativos avances para garantizar el empleo de los 15 499 artistas profesionales de la música y los espectáculos, este es un tema de alta prioridad en el trabajo conjunto entre el Ministerio de Cultura, las instituciones de comercio y gastronomía y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura.
En la identidad ambiental de la isla se destaca de modo muy especial su arquitectura, sobre todo aquella que define los espacios históricos de las ciudades coloniales. El modelo hispánico, procedente de la arquitectura popular del sur de España, adquirió desde muy temprano fuertes caracteres de adaptabilidad climática para satisfacer los requerimientos de un modo de vivir en condiciones tropicales. Se trata de una arquitectura de amplios ventanales y balcones, que hicieron la casa comunicativa y abierta. El empleo de elementos tamizadores de la luz le daría a la casa un tono muy peculiar a través de sus rejas y vitrales de medio punto coloreados. Amplios soportales en las plazas y principales avenidas, harían al gran escritor Alejo Carpentier llamar a La Habana "la ciudad de las columnas". El ritmo de las fachadas, con sus tejas rojas y las maderas torneadas en los balaustres de los balcones, crean juegos de contrastes entre textura y color.
Durante el siglo XIX el neoclásico dará un toque de distinción a la arquitectura de la burguesía criolla. El Palacio de Aldama, o la Calzada del Cerro en La Habana, dan muestras del alto nivel artístico que alcanzaron estas construcciones.
A lo largo del siglo XX no cesaron de intervenir en el espacio urbano diversas influencias arquitectónicas. El art nouveau, traído por los maestros catalanes; el eclecticismo que se impone y se generaliza; los neo históricismos; y el art deco, que inaugura al movimiento moderno de corte racionalista, hacen de nuestras ciudades, y especialmente de La Habana, espacios de alto valor patrimonial por la convivencia de múltiples estilos que participan en el deleite visual urbano. Especial interés ofrece al visitante el sistema de fortalezas militares de la ciudad, y en general todo el conjunto del país. En la capital se encuentra la fortaleza de La Cabaña, la más grande de América; y el Castillo de la Real Fuerza, el primer castillo abaluartado del continente. Se pueden visitar también el Castillo de los Tres Reyes del Morro y el Castillo de La Punta (ambos en La Habana), el Castillo de Jagua (en Cienfuegos), San Pedro de la Roca (en Santiago de Cuba) y el Fuerte de Matachín (en Baracoa). Cuba cuenta además con dos ciudades que por el alto valor arquitectónico de conservación fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad: La Habana Vieja y Trinidad.
Si bien es cierto que la primera cinta filmada en Cuba, Simulacro de un incendio, data de 1897, y que durante el período republicano se rodaron más de ochenta largometrajes de ficción, no es hasta el triunfo de la revolución que se sientan las bases para una industria cinematográfica que apoya el desarrollo del cine nacional. La fundación en 1959 del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), significó un cambio fundamental para los creadores de la imagen en movimiento. En 1960 se fundó la revista Cine cubano, auspiciada por el ICAIC, que desarrolló una labor vital en la divulgación de la actividad teórica y creativa.
Ese mismo año, Tomás Gutiérrez Alea estrena Historias de la Revolución, primer filme de ficción. Julio García Espinosa, también en 1960, estrena Cuba Baila. En esta primera etapa, llamada por la crítica "la década de oro del cine cubano", las películas más importantes que se estrenan son: La muerte de un burócrata (1966) y Memorias del subdesarrollo (1968), de Tomás Gutiérrez Alea; Lucía (1968), de Humberto Solás; y La primera carga al machete (1969), de Manuel Octavio Gómez. La labor excepcional de Santiago Alvarez como documentalista, reveló su peculiar virtuosismo a través de casi cuarenta años de trabajo ininterrumpido, con estrenos tan importantes como Ciclón (1963), Hanoi, martes 13 (1967) y 79 primaveras (1969). En los años setenta se filman La última cena (1976) y Los sobrevivientes (1978), de Tomás Gutiérrez Alea; Ustedes tienen la palabra (1973), de Manuel Octavio Gómez; El hombre de Maisinicú (1973), de Manuel Pérez; De cierta manera (1974), de Sara Gómez; El Brigadista (1976), de Octavio Córtazar; Retrato de Teresa (1979), de Pastor Vega y Un día de noviembre (1972), de Humberto Solás.
Los años ochenta fueron de replanteamiento. La voluntad reflexiva y problematizadora en estrecha articulación con la sociedad, fue un síntoma común a todas las artes. De esta década son grandes películas como Papeles secundarios (1989) y Clandestinos (1987), de Orlando Rojas; La bella del Alhambra (1989), de Enrique Pineda Barnet; Cecilia (1981) y Un hombre de éxito (1985), de Humberto Solás; Una novia para David (1987), de Fernando Pérez; y Plaff (1989) de Juan Carlos Tabío. Se estrena también, con sonante éxito, el largometaje de dibujos animados Vampiros en La Habana (1985), dirigido por Frank Padrón. En el panorama de la cinematografía de los noventa, merecen mencionarse películas como Hello, Hemingway (1990), de Fernando Pérez; Alicia en el pueblo de maravillas (1990), de Daniel Díaz Torres; María Antonia (1990), de Sergio Giral; El siglo de las luces (1992), de Humberto Solás; Adorables mentiras (1991), de Gerardo Chijona, Fresa y chocolate (1993), de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío; La ola (1996) de Enrique Alvárez; Pon tu pensamiento en mi (1993) y Amor vertical (1996), de Arturo Soto. Fresa y chocolate es la película que más éxito ha tenido en la historia fílmica cubana. Nominada al premio Oscar como mejor película extranjera, el film logró que Cuba pudiera penetrar al mercado cinematográfico mundial. La película cubana, La vida es silbar, de Fernando Pérez, recibió el Primer Premio del Festival de Cine Latinoamericano de La Habana. Muchas de las películas antes mencionadas obtuvieron, durante las diversas décadas, numerosos premios en festivales nacionales e internacionales, en la actual etapa se destacan en la puesta en escena las películas Barrio Cuba y Viva Cuba esta última del joven director Juan Carlos Cremata con numerosos premios en la arena internacional.
La programación cinematográfica resulta una de las esferas de la cultura que mayor contracción sufrió por el período especial. Aunque ya desde mediados de la década de los 80, y aún antes, se manifiesta una tendencia, que es también de carácter mundial, a la disminución progresiva de la asistencia de espectadores a las salas de cine, esto se agudiza en nuestro país a partir de la entrada del video doméstico y de la presencia que por esa vía logra el cine comercial norteamericano en los principales núcleos urbanos. Luego, en los 90, se da una caída drástica de ese indicador, por las conocidas limitaciones de transporte y fluido eléctrico y a causa de la reducción de títulos y copias en 35 y 16 mm.
La insuficiente disponibilidad de financiamiento, ha limitado el acceso a las películas de los países europeos, asiáticos y latinoamericanos, y la adquisición de la cantidad necesaria de copias, lo que ha tenido repercusión en el balance general de la programación en el cine y la TV. A la escasez de películas, se suma el deterioro de muchas instalaciones y, sobre todo, del estado técnico de los equipos de proyección.
En 1983 se estrenaron 133 filmes en 35 mm con más de 1500 copias. En 1993 se estrenaron 46 películas con aproximadamente 200 copias. En el 2002 se estrenaron 27 títulos con menos de 100 copias. Hasta agosto de 2003 se habían estrenado 16 títulos, con 41 copias. Actualmente, en un número significativo de salas de todo el país, sólo se exhiben filmes antiguos que se repiten en cortos plazos.
A pesar de las graves limitaciones económicas y de los problemas provocados por la obsolescencia tecnológica de la industria, se ha iniciado una tendencia a la recuperación de la producción cinematográfica nacional y ya en 2003 fueron estrenadas 5 películas, y en este momento, otros tres largometrajes están por estrenarse. Además, se terminaron 6 documentales, mientras otros 3 están en proceso de postfilmación, que debe concluir antes de que finalice el presente año. Por supuesto, la reanimación de una industria tan costosa depende de financiamientos con los que en este momento no podemos contar, y aún estamos lejos de los niveles alcanzados en 1983, cuando se produjeron 9 largometrajes, 6 animados, 40 cortometrajes, sin contar la edición semanal del Noticiero ICAIC.
El impulso brindado por la dirección del país al cine de animación ha propiciado un cambio sustancial en su proyección, al dotar a sus Estudios de condiciones excepcionales de espacio e inversiones en medios tecnológicos digitales que permiten desarrollar una nueva y eficiente capacidad industrial en este campo. Este proyecto, en pleno desarrollo y puesta en marcha, que incluye la formación de nuevo personal, y la aparición de una nueva especialidad de cine de animación, en el Instituto Superior de Arte, debe duplicar los niveles de producción actuales en los próximos tres años.
Respecto a la introducción de nuevas tecnologías en la producción cinematográfica, se han dado pasos importantes, con la adquisición y puesta en marcha de un estudio de sonido digital, algunas cámaras y la aplicación de fórmulas de cooperación con entidades de otros países. La realización de películas en este soporte, ha significado la reducción de los costos promedio en más del 50%. Miel para Oshún, Más Vampiros en La Habana y tres cortometrajes de jóvenes realizadores, entre otros, constituyen ejemplos de su eficacia cuando se aplica a proyectos concebidos para esta modalidad tecnológica. En el 2004 y 2005, la totalidad de los filmes de animación y varios documentales y películas de ficción fueron realizados en este soporte.
En este contexto, la exhibición de películas en video se convierte en la mejor alternativa para tratar de mantener los niveles de apreciación cinematográfica alcanzados por el país luego de 1959. La disponibilidad en este soporte es, sobre todo, de cine norteamericano, lo que introduce un problema adicional. El actual sistema de distribución del ICAIC permite, cada semana, el estreno simultáneo de uno o dos filmes en más de 100 salas de todo el país. Los estrenos se exhiben tanto en salas de video, como en los cines con video proyector o con video caseteras y televisores.
La creación de estas videotecas en los municipios, surge como opción cultural ante la proliferación de bancos de video particulares. Hoy operan con un fondo que sobrepasa los 220 títulos, aunque su limitación fundamental es la carencia de casetes suficientes para ampliar la red e incrementar y mantener actualizados sus fondos. En el 2002 contaron con 196 175 usuarios y con 158 286 hasta agosto del 2003.
La programación del circuito público de video (180 salas) adscriptas al sistema institucional del cine, abarca también la cooperación con el programa de salas de televisión para localidades y zonas apartadas, así como más de 30 universidades e instituciones culturales. Los promotores, instructores y aficionados utilizan para desarrollar su función cultural las salas de video y las de televisión.
También en video se recupera la programación de la Cinemateca de Cuba en todas las provincias, y es posible la extensión de eventos, como el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano a la mayor parte de los municipios. El número de espectadores de este último ha rebasado los 500 mil en sus últimas ediciones, con un promedio de 470 títulos exhibidos cada año, la mayoría estrenos.
Además de los estrenos, cada año se exhiben más de 100 nuevos filmes en el contexto de muestras, semanas de cine y festivales, en muchos casos con extensiones a varias provincias.
En los cines también se realiza una importante contribución a la programación cultural de los territorios a través de su uso múltiple. En cerca de 80 salas se presentan agrupaciones de música y artes escénicas, mientras sus vestíbulos se han convertido en galerías para las artes plásticas.
La labor de los centros provinciales de cine, además, ha permitido la multiplicación del impacto cultural de estas instituciones, a través de la promoción, del trabajo de 344 cine clubes y de la extensión de la programación cinematográfica a centros docentes, laborales, unidades militares y prisiones. Aún con sus muy graves limitaciones, subsiste el cine móvil en 16 mm ofreciendo funciones en zonas montañosas y comunidades apartadas.
Una particular repercusión en la vida cultural, se alcanza con los eventos cinematográficos que se realizan en todas las provincias. Entre estos, sobresalen el Taller de la Crítica Cinematográfica (Camagüey), Festival Cinemazul (Las Tunas), Festival de Documentales Santiago Álvarez (Santiago de Cuba), Semana de Cine Iberoamericano (Ciego de Ávila) Cine Plaza (Ciudad de la Habana), y el Festival de Invierno (Villa Clara), entre otros.